En el último programa de Elena en el País de los Horrores, Juan Ignacio Blanco nos deleita con la historia de el mayor asesino en serie de España, José Antonio Rodríguez Vega, más conocido por todos como el Mataviejas o el asesino de ancianas de Santander.
Diez años antes ya había sido conocido como el Violador de la Vespa.

El periodista y criminólogo madrileño, nos adentrará en la mente de este psicópata afectado por diferentes parafilias, con ayuda de la magnifica recreación de Rafa Casette.

Programa especial sobre José Antonio Rodríguez Vega

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 José Antonio Rodríguez Vega

“Todos los hombres han sentido alguna vez deseos de violar a su madre.”
Esta sería una de las frases que diría Jose Antonio Rodriguez Vega a uno de sus entrevistadores…

Rodríguez Vega nació en Santander (Cantabria, España) el 33 de diciembre de 1957. Odiaba a su madre, a la que temía por un lado y se sentía sexualmente atraído por otro. Tal sentimiento de odio se inició cuando ésta lo echó de casa por agredir a su padre gravemente enfermo.

Casado, padre de un hijo, trabajador, de apariencia normal, amable, atento y educado, según los que le conocían. Bien parecido, de complexión fuerte y grandes manos con las que asfixió a sus víctimas una y otra vez durante años.

Nadie podía imaginar que se convertiría en el mayor asesino en serie español, juzgado y condenado por el asesinato de 16 ancianas entre agosto de 1987 y abril de 1988 en Santander, aunque posiblemente fueran muchas más.

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El violador de la Vespa

Vega comenzó su carrera criminal agrediendo sexualmente a mujeres. Atacó a dos muchachas de veinte años, a una mujer de cuarenta y cinco y a otra de cincuenta. Después de agredirlas huía en su moto, una Vespa, lo que le daría el nombre por el que fue conocido.

El 17 de octubre de 1978, sería arrestado y condenado a 27 años de prisión. Su mujer, Socorro Marcial, le abandonaría al ser detenido, llevándose al único hijo de la pareja con ella.

A pesar de haber sido condenado a una pena tan larga, gracias a su encanto y a la insistencia de su madre, consiguió que todas sus víctimas menos una le perdonaran, lo que en el Código Penal Español anterior al de 1995 eximía de la responsabilidad penal en ciertos delitos. Esto, unido a su buen comportamiento en prisión, hizo que sólo pasara 8 años en la cárcel del total al que había sido condenado. Sería puesto en libertad en 1986.

José Antonio volvió a casarse, esta vez con una mujer epiléptica, y siempre fue considerado un buen marido por todos sus conocidos y vecinos.

En 1979 cuando era conocido como el violador de la moto

En 1979 cuando era conocido como el violador de la moto

 

Modus Operandi

Su modus opendi consistía en acceder a las viviendas de las ancianas ofreciéndoles para ello diferentes servicios, desde seguros hasta pequeñas chapuzas o incluso la instalación de puertas blindadas para su seguridad.

Una vez dentro y cuando las víctimas tomaban confianza, Rodriguez Vega sentía unas incontrolables ganas de poseerlas y se abalanzaba sobre ellas.
Su violencia hacía que las ancianas gritaran asustadas, y este les tapaba la boca con tal fuerza que acababa asfixiándolas.
Seguidamente daba rienda suelta a sus parafilias y tocaba a las ancianas, llegando a realizar actos de naturaleza sexual con sus cadáveres (necrofilia), aunque tan solo en un caso llegó a penetrar a la víctima.

A continuación, las adecentaba, vestía y arropaba en sus camas y se marchaba, llevándose algún objeto de recuerdo. (fetichismo)*

 

Las víctimas*

Victoria Rodríguez Morales, 61 años, asesinada el 15 abril de 1987.

Simona Salas Menéndez , 84 años, asesinada el 13 de junio de 1987.

Margarita González Sánchez, 82 años, asesinada el 6 de agosto de 1987.

Manuela González Fernández, 80 años, asesinada el 30 de septiembre de 1987.

Josefina López  Gutiérrez  del Anillo, 86 años, asesinada el 6 de octubre de 1987.

Natividad Robledo Espinosa, 86 años, asesinada el 31 de octubre de 1987.

Catalina Fernández, 93 años, asesinada el 18 de diciembre de 1987.

María Isabel Fernández, 82 años, asesinada el 29 de diciembre de 1987.

María Lanzazabal, 72 años, asesinada el  6 de enero de 1988.

Carmen Martínez González, 65 años, asesinada el 30 de enero  de 1988.

Engracia González  Aranada, 65 años, asesinada el 11 de febrero de 1988.

Josefa Quiros Llano, 82 años, asesinada el 23 de febrero de 1988.

Florinda Fernández Valliciervo, 84 años, asesinada el 16 de marzo de 1988.

Serena Soto Arguelles, 85 años, asesinada el 2 de abril de 1988.

Julia Paz Fernández, 71 años, asesinada el 19 de abril de 1988.

 

Algunos de los objetos que Rodríguez Vega robó a sus víctimas.

 

Se encontraron muchos objetos que no fueron identificados, lo que revela que el número de víctimas podría ser mucho mayor.

 

Habitación donde guardaba los fetiches de sus víctimas, con la mencionada pintura roja que recordaba a Antonio Rodríguez Vega sus aberraciones.*

 

Historía clínica*

Carencia de empatía, coeficiente intelectual de 90. Carencia de compasión y vergüenza.

Le marca el mantener relaciones sexuales con una mujer de 50 años cuando el tiene 8. Padecería desde entonces una necesidad de masturbación compulsiva (todo esto relatado por el mismo Rodríguez Vega).

Con 12 años experimenta deseos sexuales hacia su madre.

El 99% de los actos sexuales que realizaba con sus víctimas eran cuando estas ya habían fallecido, estamos hablando de actos de necrofilia.

 

Informes del estudio clínico-psiquiatrico

“Conserva inalterado su sentido de la realidad y es capaz de gobernar sus actos, siendo resistente a los tratamientos, lo que ensombrece su pronóstico: su peligrosidad es muy alta.”

“Llegamos a la conclusión de que su imputabilidad era plena, porque su inteligencia era absolutamente brillante. Era un psicópata, con esa característica de ese grupo de psicópatas, esa frialdad clásica, sin remordimientos, no se conmueven, es un personaje verdaderamente hecho para el crimen…”

Estos informes psiquiátricos son determinantes, lo consideran un perverso sexual, una máquina de matar que distingue el mal.

Resultado del estudio: Psicopata desalmado con perversión sexual múltiple.

 

Detención y muerte

Finalmente, cometería algunos errores que acabarían delatándole:

En la casa en la que mató a Margarita González de 82 años, la Policía encontró signos de violencia en lo que otra vez parecía un caso de muerte natural.

En su siguiente crimen, otro error: nuevos signos de violencia, esta vez sangre en el cadáver de Natividad Robledo, una viuda de 66 años, que mostraba claramente haber sido violentada. A otra de sus víctimas se le encontró la dentadura postiza clavada dentro de la garganta.

Gracias a la investigación de la muerte de su última víctima, Julia Paz Fernández, y las pesquisas de la guardia civil de Muriendas, se pudo llegar a localizar a la persona que poco tiempo antes había instalado una puerta blindada a la víctima y que no era otro que el albañil José Antonio Rodríguez Vega.

El 19 de mayo de 1988, con 30 años, fue arrestado mientras paseaba por la calle Cobo de la Torre. Tras su detención confesó sus crímenes.

Sería sentenciado a 440 años de cárcel, cumpliendo la pena máxima. Estaría 18 años en prisión.

Vega se encontraba cumpliendo condena en la cárcel de Topas, en Salamanca. El 24 de octubre de 2002, era su primer paseo por el patio de la prisión, aunque no imaginaría que también sería el último.

Rodríguez Vega se disponía a relajarse paseando por el patio en compañía de otros tres reclusos cuando uno de ellos, Felipe M., le atacó con una piedra envuelta en un calcetín hasta que consiguió que cayera al suelo. Entonces, el leonés Enrique Valle González y el coruñés Daniel Rodríguez Obelleiro sacaron sus pinchos. “Empezaron por apuñalarle en la nuca -cuenta el citado funcionario de Topas-, luego en la cabeza; le sacaron los ojos e incluso masa encefálica… Imagine la frialdad de Enrique, que se detuvo un rato a afilar el pincho en el suelo para sentarse después sobre la barriga de su víctima, ya cadáver, y convertirle el pecho en un colador, empuñando el pincho con las dos manos.” En total fueron 88 puñaladas.

Los motivos que dieron los asesinos de Vega para cometer el salvaje ataque fueron al parecer por incumplir dos “leyes” de los presos: ser un violador y trabajar de chivato para los funcionarios de prisiones.

 

José Antonio Rodríguez Vega, fue enterrado en una fosa común al día siguiente, nadie acudió a su entierro.

 

*Información procedente del sumario  facilitada en exclusiva por Juan Ignacio Blanco para “Elena en el País de los Horrores”.

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