Tercera parte de una serie de entrevistas  que nos acercan al lado más personal del periodista y criminólogo Juan Ignacio Blanco.

En esta tercera parte , Juan Ignacio nos acerca a sus años como periodista de sucesos. Cómo fue  cubrir su primer caso, qué sintió en aquellos momentos.
Tambien nos hablará de los crimenes que más le han impactado y porqué ha sido así.

Buenas noches Juan Ignacio, nos podrías nombrar los casos más conocidos de la crónica negra que has cubierto como periodista?

La verdad es que han sido muchísimos. Desde el crimen de los Galindos hasta el Crimen de los Urquijo, pasando por los crímenes del Legionario, la desaparición del Niño de Somosierra o la desaparición del Niño Pintor de Málaga.

Se podría decir que desde mediados del año 81 o el 82 hasta el 95, estuve en prácticamente todos los sucesos que han tenido cierta repercusión mediática.


He trabajado en todos de alguna manera, en unos de forma más directa y en otros menos, porque, evidentemente, en “El Caso” yo no era la persona que llevaba todos los buenos temas y mucho menos al principio, partiendo de la base que la autentica reina de “El Caso” siempre fue, por méritos propios,  Margarita Landi.

La gran Margarita Landi

La gran Margarita Landi

Y de estos casos , Juan Ignacio, ¿cuál es que más te ha impactado y por qué?

Bueno, yo creo que los que más impactan son siempre los primeros, y más teniendo en cuenta que yo estaba empezando en la redacción y hasta ese momento hacía trabajos de archivo y recopilación de datos. Me acuerdo de que Fernández Serrano, el director de entonces, me dijo: “¿Te animarías a cubrir tu primer suceso?”, lógicamente yo, que llevaba un montón de meses esperando la oportunidad, lo viví como la gran alegría y la gran ilusión de mi vida: cuando vas a la administración, te dan dinero, te ponen un coche y te vas al lugar de los hechos… pues evidentemente para mí todo eso era una cosa completamente nueva y emocionante.

Yo había vivido los sucesos como lector, pero es inimaginable el dramatismo cuando lo vives en persona: en unos casos lo amplías, pero en otros todo lo contrario, parece que no le das importancia. Lo que es indudable es que cuando te enfrentas con la situación de tener que acudir a un lugar y hablar con la familia de la víctima y, de alguna manera, implicarte directamente en una tragedia de este tipo, las primeras veces te quedan muy marcadas, y en especial la primera de todas. A mí me toco un suceso de esos que podríamos decir que tienen muchísima historia pero no tienen historia. Fue en Santander, un chico de 22 años había matado a su madre a apuñaladas y luego se colgó del cincel de una puerta.

¿Qué edad tenías cuando lo cubriste?

Yo tendría 21 o 22 años cuando me encargaron este caso; para mí era un hecho atípico, entre comillas, porque es un auténtico drama que se queda sin una explicación, ya que lo único que puedes recoger son comentarios y opiniones de los vecinos, de la gente que los conoce, los de las tiendas del barrio. Y más aún en este caso, pues eran personas que tenían muy poco trato social: vivían de la pensión de la madre, el chico tenía ciertos trastornos psiquiátricos detectados y era un tema muy difícil; en cierto sentido, todo lo que fueras a contar parecía que era un tanto pornográfico. Porque muchas veces el periodismo de sucesos te lleva a situaciones personales donde -sobre todo al principio de tu carrera- te acabas planteando un montón de dudas éticas. Es decir, una persona que tiene problemas mentales, que acaba con la vida de su madre y después se suicida… y que tú tengas que contar toda esa historia con el mayor número posible de datos y detalles… Y además con el estilo de “El Caso”. La verdad es que me resultó francamente difícil y realmente duro.

En otras ocasiones son hechos más normales, como el caso de una persona que ha asesinado a otra. Son otro tipo de temas, donde uno se mueve con muchísima más libertad para intentar buscar qué ha podido suceder, qué motivos hay. Si la persona está detenida, intentar localizarla, intentar que tanto la policía como la guardia civil te faciliten el mayor número de información posible. Ése ya es un trabajo mucho más de campo.

Parece un tópico que sale en todas las películas, pero impresionar, impresionar, que es de lo que hablábamos antes, cuando dicen que a los policías curtidos también se les saltan las lágrimas, son siempre los casos en los que las víctimas son niños. En los sucesos en los que hay niños implicados -y aún más en los que han desaparecido- son sucesos verdaderamente terribles. La conmoción que generan en la gente es impresionante, las familias están completamente destrozadas; en relación a las investigaciones, en la mayor parte de los casos no tienes ni por dónde ir ni por dónde tirar. De hecho, dos de los sucesos que hemos comentado antes, la desaparición del Niño de Somosierra y la del Niño Pintor de Málaga siguen estando en el aire. Desgraciadamente, seguimos sin saber realmente qué les ocurrió.
Estos son los temas que más afectan. Afectan más porque todo lo que queda es una sensación de tristeza y dolor, y un sentimiento absolutamente inexplicable.

En otros casos, como, por ejemplo, asesinatos por robo, en un atraco o en una reyerta por las lindes de la finca o el vecino de al lado, las familias tiene un dolor y una tristeza muy grande, pero también hay sentimientos de enfado, de odio. Es un tema que de alguna manera se lleva mejor por parte de las familias, aun dentro de un tremendo dramatismo.

Pero de lo que hablábamos: lo que más te marca es ese contacto real con la gente. Luego el suceso en sí no marca tanto, y menos a los periodistas de sucesos. Si cualquiera hubiera puesto una grabadora en la redacción de “El Caso” y nos hubiera escuchado hablar, pensaría que somos unos psicópatas locos: como periodista, entiendes el suceso y el crimen como si fuera uno ajeno a la realidad. No los ves con las personas reales que lo están padeciendo y lo van sufriendo y eso, en cierta forma, te hace la vida mucho más cómoda. Si no fuera así vivirías constantemente rodeado de ese dolor, de esa tristeza, de esa amargura de las víctimas y de sus familias. Así no podrías trabajar.

Comentaste antes que con tu primer caso te sentiste muy incómodo, llegando a tener dudas éticas.
¿Hay que ser muy caradura para ser periodista de sucesos?

Sí, mucho, desgraciadamente, muchísimo. Es porque, sin ningún género de dudas, se trata del género periodístico más difícil. Y eso por una razón muy sencilla: porque a todo el mundo le gusta salir en todas las páginas de los periódicos, menos en una: la de sucesos.
Si tu vas a hacer una entrevista a alguien porque le acaban de dar un premio o ha publicado un libro, te recibe en su casa con las puertas abiertas, te invita a café, te pone unos pastelitos, te trata de maravilla, y luego, cuando le publicas el reportaje, pues puede que incluso te mande un regalito. Pero cuando lo que tienes que hacer es ir a un pueblo, a la casa de una familia a cuya hija de 11 años han violado y asesinado, y tienes que conseguir que te den una foto de la pequeña para ponerla en la portada de “El caso”… pues lo normal es que te tiren por las escaleras. Eso suele ser lo normal.

Semanario-El-Caso.-Nº-455-21-de-enero-de-1961.

El problema es que tú tienes que volver a la redacción con la foto de la niña, con toda la información y el mayor número de datos posibles.

Otra de las causas que hace complicado este tipo de periodismo es que tienes que trabajar con los miembros de las fuerzas de seguridad del Estado. La verdad es que entonces el trato era claramente mucho más fluido que hoy en día: en esa época los periodistas nos manteníamos muchos años ejerciendo el mismo tipo de periodismo, mientras que actualmente cambian cada tres meses. Lógicamente, cada uno se iba haciendo sus contactos en diferentes lugares; por ejemplo, la primera vez que vas a algún lugar nuevo a cubrir un suceso, te presentabas en la comisaría de policía, decías “Soy el periodista tal”, solicitabas que te facilitaran información, hablabas con el comisario y de esa forma entablabas una primera toma de contacto y una relación; si luego ellos veían que lo que escribías era un trabajo medianamente digno, posteriormente se solían comportar bien en siguientes ocasiones. Necesitas tener muchos datos y muchos contactos. Aparte de eso, en el 90% de los casos te las tenías que ingeniar para saber cómo conseguir esas cosas: si nadie de la familia te da una foto tenías que buscarte la vida. Por decir algo, ir al colegio de la chica, porque en el colegio tiene que haber una ficha suya; a ver si convenzo a alguien, porque si vas a hablar con el director del colegio no te va a dar la foto, pero si hablas con la secretaria o un conserje y le sugieres que no te la entregue, sino que te la deje encima de la mesa un minuto, muchas veces nos hacía el favor, y nosotros fotografiábamos las fotos. Era el método que muchas veces usábamos. Si la familia te dejaba la fotografía o la tenía en un marco las fotografiabas, y si no era así tenías que buscar y enterarte de quiénes eran sus amigas, su entorno, y eso no es fácil. A veces, a la primera de cambio, acertabas y te encontrabas a alguien que te contaba un montón de cosas. Sin embargo, había muchas otras ocasiones en que un crimen ocurría en pueblos donde nadie hablaba, o casos en los que nadie dice nada por el tipo de crimen que se ha producido. Por ejemplo, cuando son parricidios -que, desgraciadamente, en este país, son los crímenes más comunes- la gente no tiene inconveniente en hablar de un asesino que mató a su mujer de 17 puñaladas. Pero es difícil que alguien te cuente qué pasó cuando hay un robo con asesinato y no han cogido al culpable; o cuando hay una violación con asesinato y no han detenido al autor; sobre todo, en las poblaciones pequeñas, y cuanto más al norte de España, peor: son muchísimo más cerrados, es como un bloqueo, nadie te cuenta nada, nadie te dice nada y nadie te aporta nada. Entonces lo que tenías que hacer era simplemente machacarte, ir a un sitio, ver a otro, ver al de más allá. Y muchas veces tienes que utilizar algún tipo de ardid. En alguna ocasión he tenido que contar alguna mentira y presentarme como quien no soy para conseguir la información que necesitaba.

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