“Un periodista vale lo que valen sus fuentes”

En El Caso básicamente teníamos tres medios para informarnos de lo que sucedía. Como ya he dicho, contábamos con nuestros corresponsales y la prensa de provincias, pero también estaban los teletipos y la colaboración de las Fuerzas de Seguridad. Quizás esta última colaboración sea la más importante, porque es necesaria para apoyar las demás. Pero vayamos por partes, empecemos con los teletipos.

En la redacción teníamos dos teletipos: el de EFE y el de EUROPA PRESS, que estaban todo el día ahí haciendo ruido, constantemente, y cada dos minutos te ibas acercando, porque el que trincaba, se largaba, así que muchas veces no hacías otra cosa que ir mirando y esperar a que surgiera alguna cosa.

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¿Os peleabais por los teletipos?

Sí, muchas veces había auténticas guerras por los teletipos. Porque en algunas temporadas ocurría que queríamos salir todos y sabíamos que eso no iba a pasar: no había tantos temas lo bastante importantes para que pudiéramos salir todos a cubrirlos… además, con tres o cuatro temas que se cubrieran a la semana in situ, era suficiente. El resto del periódico se completaba con las noticias breves que enviaban los corresponsales y con las otras secciones fijas de El Caso, como “Cuénteme su Caso”; eran unas secciones de otro tipo que entonces tenía el semanario, un poco más amarillentas. Y, como decía, la gran pelea de siempre eran los malditos teletipos; aunque luego, lógicamente, la última palabra la tenía el redactor jefe y si no el director. Es decir, por mucho que tú tuvieras la suerte de ser el que llegara en el momento en que salía un teletipo interesante y dijeras “Yo me voy a hacer esto”, si luego llegaba el redactor jefe y decía “No, se va fulano”, pues se va fulano. Pero también es verdad que era importante ser el que se llevara el teletipo, porque prácticamente no había niveles, salvo en la época en que estuvo Margarita Landi. En esa época, evidentemente, estaba claro: el suceso que Margarita Landi eligiera, ella se lo llevaba; el resto llegábamos más o menos a acuerdos tácitos. Cada uno de nosotros se había especializado en algunas zonas concretas de España; para ser sincero, no era exactamente que te especializaras, sino que ahí tenías unos buenos contactos con la Policía o la Guardia Civil de la zona, y además habías ido más veces, de modo que conocías los hoteles, conocías el ambiente… incluso había quien, como dicen de los marineros, se buscaba novias en cada puerto. Las cosas que implican los viajes y estar cuatro días lejos de tu entorno.

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Y aparte de los teletipos teníamos las llamadas de la Policía y la Guardia Civil, que se producían a menudo. Se contaba con esa colaboración. En aquella época, tanto la policía como la Guardia Civil te llamaban si, por ejemplo, había habido un asesinato y lo habían resuelto en dos días. Les interesaba que se comunicaran determinadas cosas, fundamentalmente cuando había habido un brillante servicio, cómo se decía entonces. Nosotros íbamos allí, nos enterábamos de lo que había pasado y lo cubríamos.

Y el tercer medio por el que nos llegaba la información era la prensa de provincias y los corresponsales que nuestro semanario tenía en distintos puntos de España, que se enteraban de sucesos y nos lo transmitían. Los corresponsales y la prensa de provincias era mucho más importante de lo que hoy podríamos pensar como fuente de información, hay que tener en cuenta que era una época sin internet, con solo una cadena de televisión y unos medios de comunicación deficientes. Por eso El Caso estaba suscrito a más de cincuenta periódicos de prensa de provincias: desde La región de Orense hasta El faro de Ceuta, pasando por todo periódico conocido; todo este tipo de prensa de provincias era muchas veces un valioso medio para podernos enterar de los sucesos cometidos, además de, evidentemente, las fuentes que pudiera tener cada uno, por las cuales te llegaban también algunas historias.

 

¿Se puede decir que un periodista de sucesos vale lo que valen sus fuentes?

Sí, aunque en realidad podríamos decir eso de un periodista de sucesos como de cualquier tipo de periodista. Es indiscutible que si no tienes fuentes eres un “muerto”. Todo lo que tiene un periodista es su agenda. Por ejemplo, si haces información política, tú no puedes saber algo si no tienes contactos, porque nadie te va a contar nada interesante. Para que te cuenten algo tienes que tener amigos en Ferraz, tienes que tener amigos en Génova, tienes que tener amigos en el Congreso, tienes que tener amigos en el otro lado. Cuantos más amigos tengas y en más sitios, mejor. He conocido a periodistas que se han especializado en un determinado tipo de fuente, y estas pueden ser muy variopintas. Por ejemplo, los camareros: siempre han sido una fuente importantísima, sobre todo en determinados restaurantes y en determinados lugares de cierto lujo donde sabes que constantemente va gente importante, ahí se oyen y se escuchan muchas cosas, aunque en teoría sean comedores privados, pero los camareros siempre se enteran. Y si tienes una buena relación con ellos te pueden llamar mañana y decirte: “fulanito está comiendo con menganito en tal sitio” o “está haciendo tal cosa”. Puede que en el periodismo de sucesos esto sea aún más importante, es decir, si tú no tienes fuentes en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, no tienes ninguna forma de saber cosas. Es lo que ahora le está ocurriendo a los periodistas, y por eso el periodismo de sucesos de ahora tiene estos problemas. No es que los periodistas no investiguen y que no publiquen nada, es que no saben nada, porque ya no existe esa colaboración de la policía. Evidentemente, salvo en casos muy excepcionales, el periodista no llega nunca al escenario real de un crimen. Cuando llegas, como mucho te vas a encontrar aún con restos de sangre por la calle o el lugar donde hayan ocurrido los hechos, y si no está limpio, lo estarán limpiando en ese momento. No sabes realmente qué es lo que ha pasado.

Si tienes buenos contactos en la Policía y en la Guardia Civil y ellos te facilitan datos, te dejan leer los informes de autopsia y te cuentan algunos detalles, entonces puedes escribir información con sentido. Pero si vas al cuartel de la Guardia Civil y no te reciben ni te abren la puerta, entonces eres hombre muerto, porque a partir de ahí todo lo que puedas publicar va a ser pura rumorología, que es lo que te cuente el vecino o alguien que haya estado allí y haya visto algo.

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Los testigos, ¿son fundamentales para el periodismo de sucesos?

Eso es algo que he comprobado a lo largo de mi carrera: salvo excepciones, los testimonios de los testigos no son fiables en absoluto. Esto no se debe a que tengan algún tipo de interés, porque la mayor parte de la gente no puede tener algún interés en contarte un dato en concreto. Pero en infinidad de ocasiones he oído testimonios opuestos. Por ejemplo, vas a la escena de un tiroteo en el que aparece un coche, contactabas con varios testigos y ese coche podía ser desde un Seat hasta un Simca o incluso alguien podía decirte que era un Mercedes negro y otro que era un Mini de color amarillo. Es decir, las versiones pueden ser completamente opuestas. Fiarte única y exclusivamente de estos datos en el periodismo de sucesos es muy peligroso, en este periodismo hay que estar con los pies en el suelo porque genera muchísimas querellas. Hace unas décadas era el periodismo que más querellas generaba, aunque ahora imagino que habrá tomado el relevo la prensa del corazón y quizás también el periodismo político, por todos los escándalos que están saliendo.

Volviendo al tema, en general el periodismo de sucesos genera querellas, porque que a alguien se le mencione en un suceso, sobre todo en aquellos años, era un estigma muy grave, y antes de escribir cualquier cosa tenías que ir con auténticos pies de plomo y estar seguro de lo que publicabas. Pero, por otra parte, en El Caso nos exigían que nosotros contáramos cosas. No podías llegar de un viaje y decir: “Es que pudiera ser que, a lo mejor, fuera uno que vino por aquí…”. Nos obligaban a mojarnos, y eso, lógicamente, no puedes hacerlo si no tienes fuentes con las que verificar los datos.

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¿Por qué ya no manejan esas fuentes los periodistas actuales?

Lo que ocurre es que tener esas fuentes y colaboradores es un trabajo de años, y tal como comentábamos: en el periodismo de ahora los nuevos periodistas empiezan a trabajar en un medio, comienzan con un contrato de prácticas y lo primero que les dicen es que, directamente, no los van a renovar. Ni aunque se porten de la mejor forma posible. Y aun en el milagroso caso de que te renueven, será con un contrato de seis meses, de un año como máximo. Y te ponen donde les interesa en ese momento, lo mismo estás haciendo periodismo de viajes que en un mes haces periodismo de economía. Y esto no permite que consigas tus fuentes, porque las buenas fuentes se consiguen con el trato cotidiano y diario durante mucho tiempo.

Con una persona con la que has hablado tres veces no puedes tener esa comunidad, pero si, por ejemplo, has visto cincuenta veces a un comandante de tal puesto de la Guardia Civil y lo conoces desde hace cinco años, evidentemente la relación que tienes es muchísimo más fácil y cómoda. Finalmente hasta tienes su teléfono personal y el de su casa y le puedes llamar cuando quieras para cualquier cosa. Teníamos una cercanía y una unión, entre comillas, con las Fuerzas de Seguridad. En realidad es natural, porque al final los periodistas de sucesos nos considerábamos medio policías, de alguna manera nos encantaba investigar y nos encantaba poder colaborar con la Guardia Civil y con la Policía, e incluso poner en su conocimiento algunos datos que ellos no tenían y que nosotros, por lo que fuera, habíamos conseguido.

 

¿Había mucha competencia con otras publicaciones?

Nosotros no éramos de los que nos queríamos poner medallas con respecto a los compañeros. Pero sí hay que reconocer que existía una sanísima competencia que permitió un cierto periodismo. En mi opinión, fue una época dorada del periodismo de sucesos, donde nos juntábamos en cualquier crimen que tuviera trascendencia un montón de periodistas de muy diversos medios; medios, además, todos aparentemente mucho más serios que El Caso. Estamos hablando de periodistas de Tiempo, Panorama, Interviú, Tribuna… amén de los periodistas de los diarios tradicionales que entonces tenían una sección de sucesos real, es decir, la gente de El País, El Mundo o ABC. Nos juntábamos un montón de gente de la prensa escrita y de las incipientes cadenas de televisión privadas, que ya se empezaban a acercar por ahí. La radio nunca ha sido muy próxima al periodismo de sucesos, desgraciadamente.

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Pero volviendo al tema de la competencia, lo que a ti te importaba era conseguir más información que la que habían conseguido los demás, porque si no lo hacías bien, los redactores jefes y el director te sacaban los colores. Llegabas a la redacción y te decía cualquier compañero (y aquí recuerdo que era J.J. quien tenía más mala leche): “Te está esperando Eugenio”. Mal empezaba, joder. Llegabas al despacho de Eugenio Suárez y te lanzaba sobre la mesa la revista Tiempo, por poner un ejemplo, y te decía:

-Lee ahí, eso que está subrayado.

Y tú leías en voz alta:

-Taca taca, taca taca, tacatá.

Eugenio decía:

-Este tío ha estado en el mismo sitio donde has estado tú tres días. ¿Y tú…? ¿Qué pasa? ¿Que tú eres tonto y no te enteras? ¿O ese es mucho más listo que tú y tengo que contratarle y echarte a ti?

A veces volvías de cubrir un suceso y traías una serie de datos con los que estabas contento. Pero llegaba Interviú y publicaba una exclusiva fenomenal sobre el mismo caso, y veías que daba doscientos datos más de los que habías dado tú. Entonces, cuando tenías que llegar el jueves a la redacción -que era cuando salía Interviú-, tenías que parar en el bar de abajo a tomarte un par de cafés antes, o beberte alguna copilla, porque sabías que te iban a poner a parir. Pero eso también era lo que nos animaba, lo que nos hacía esforzarnos, y nuestra gran satisfacción era decir “Es que lo he hecho mejor que nadie y he conseguido datos que no ha conseguido otro”, “He conseguido la foto de este o la foto de la otra”, “La Guardia Civil me ha dado una foto del cadáver” o “He conseguido esto que no lo han conseguido los demás”. Todo eso ayudaba a que mejoráramos, pero, sobre todo, es que además nos gustaba a todos. Ser reportero de sucesos, cuando te gusta, lo disfrutas mucho. Nos levantábamos y salíamos del hotel y era como cuando los perros van de caza: no teníamos ganas de volver. Solo tenías ganas de seguir trabajando y hablando con fulano y ahora vamos a ver si hablamos con tal persona, o ahora vamos al bar este a ver que nos cuentan o ahora vamos a tal sitio a ver a tal señora.

 

Aparte de las Fuerzas de Seguridad, ¿había alguna otra fuente a la que recurrir?

Sí, en las grandes ciudades sí: los porteros y los serenos eran grandes fuentes de información, valiosísimos. Ellos conocían la vida de todo el mundo. Sabían a qué hora llegaba cada uno, a qué hora salía, dónde podías localizarlo. Grandes crímenes se han resuelto gracias a un sereno; por ejemplo, sin ir más lejos uno de los casos clásicos de nuestra crónica negra: el crimen del Expreso de Andalucía. En cuanto a las porteras y porteros de las casas, solo puedo decir que han sido siempre fundamentales en la investigación del periodismo de sucesos. En los pueblos era diferente y mucho más difícil trabajar.

 

 

Continuará…

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